Hace años me metía en cualquier lío.
No porque fuera especialmente valiente. Ni generoso. Ni aventurero. Simplemente tenía la absurda convicción de que todo podía arreglarse si uno le ponía ganas.
Qué ternura me doy cuando me recuerdo.
Era incapaz de decir que no.
“¿Puedes echarnos una mano?”… Claro.
“¿Te importaría organizarlo?”… Por supuesto.
“Solo serán cinco minutos”…Mentira. Siempre eran cinco horas.
Con el tiempo he descubierto una habilidad que vale más que un máster, un MBA y tres cursos de productividad juntos: detectar un lío antes de entrar.
Porque la vida ya fabrica suficientes de manera artesanal. Se estropean cosas. La gente enferma. Los planes se tuercen. Los aviones se retrasan. Las lavadoras eligen romperse exactamente el día que más ropa necesitas.
No hace falta salir a buscar problemas como quien colecciona cromos.
Y, sin embargo, seguimos haciéndolo.
Hay personas con un talento extraordinario para convertir cualquier pequeña complicación en un proyecto colectivo.
Empiezan con un inocente:
—Es un momento…
Y veinte mensajes de WhatsApp después ya estás en un grupo que no recuerdas haber aceptado, organizando algo que jamás fue idea tuya.
Luego están los debates inútiles. Esos en los que entras convencido de que vas a aportar luz y sales preguntándote cómo has perdido cuarenta minutos discutiendo con alguien cuyo argumento más sólido era escribir en mayúsculas.
Y qué decir de los favores que aceptas por educación y acabas pagando con intereses.
La edad, afortunadamente, trae una especie de radar. Empiezas a reconocer el olor del lío antes de abrir la puerta.
Y entonces sucede algo maravilloso.
Empiezas a decir que no. No con enfado. No dando explicaciones de tres párrafos. Simplemente diciendo no.
Ojo, no todos los líos son malos.
Enamorarte es un lío.
Tener hijos es un lío descomunal.
Montar un proyecto ilusionante también.
Pero esos los sueles eligir tú.
Y esa pequeña diferencia lo cambia todo.
Porque la paz no consiste en vivir sin problemas. Consiste en dejar de adoptar los de los demás como si estuvieran de oferta.
Así que este viernes, antes de contestar “claro, cuenta conmigo”, haz una pausa de diez segundos y pregúntate:
¿De verdad necesito meterme en este lío?
Si la respuesta es no, haz algo profundamente adulto. Sonríe.
Y deja que esta vez el marrón encuentre otro voluntario.

Txema Arnedo
Co-fundador de soy50plus
Ingeniero Industrial, curioso, apasionado por la tecnología, cofundador de soy50plus. Nunca ha visto “Los lunes al sol”