Las expectativas son algo peligroso. Esperar encontrarnos una obra maestra frente a ver “sólo” una buena o muy buena película, no juega a su favor.
La bola negra se ha convertido en un sorprendente acontecimiento cinematográfico que ha trascendido nuestro país. Premio importante en Cannes, salas llenas y, a nivel internacional, parece estar llamada a superar en la temporada de premios hitos como los de Parásitos y Emilia Pérez.
La historia se compone de tres tramas, muy bien enlazadas. La central se corresponde con la pieza teatral La piedra oscura, de Alberto Conejero, y habla de la relación entre Rafael Rodríguez Rapún, pareja de Lorca, prisionero y herido, con el soldado nacional obligado a custodiarle. La segunda, fabula con La bola negra, pieza teatral inconclusa, apenas esbozada, del dramaturgo granadino. Y la tercera, en la actualidad, será la que de sentido al conjunto.
La película está muy bien escrita, utilizando textos del poeta. Todo encaja en un equilibrio difícil entre realismo y poesía. Pero, sobre todo, está realizada de una forma fastuosa, con una gran generosidad en los recursos y una caligrafía muy clara que consigue piezas tan perfectas como la escena en el tablao flamenco.
Sí, puede pecar de ambiciosa, de tratar demasiadas cosas y de algún exceso lingüístico, pero el conjunto es muy apreciable.
Y vayamos a lo que para mí es más importante: desde la pintura rosa de los títulos de crédito, queda claro que La bola negra es una película militante. La homosexualidad no es un contendido sino su razón de ser, y no como una crónica sino como una reivindicación, la de ayudar a aquellos que lo necesiten a vivir la vida a su manera, a aceptarse en libertad incluso cuando esto resulte doloroso. En ese ejercicio honesto y generoso, no existe ninguna agresividad, sólo firmeza. No hay sordidez más allá de la sordidez de la guerra y la muerte. En general, la película se presenta con la comprensión que pide, que exige y da.
No es perfecta y las expectativas jugaban en su contra. Y, sin embargo, por muchas razones, me siento contento de haberla visto y compartiré un éxito que creo que, sin duda, se merece. Tiene mucho, mucho buen cine dentro.
Más sobre cine… AQUÍ
La bola negra se ha convertido en un sorprendente acontecimiento cinematográfico que ha trascendido nuestro país. Las expectativas jugaban en su contra. Y, sin embargo, por muchas razones, me siento contento de haberla visto.
