La salud visual es uno de los aspectos que más cambia a partir de los 50 años, y también uno de los que más se descuida. El doctor Alfonso Martínez de Carneros Gómez-Caminero, fundador de la Clínica Oftalmológica Martínez de Carneros en Madrid y especialista con trayectoria docente en la Universidad Complutense, responde a las preguntas más frecuentes sobre cómo evoluciona la visión con la edad, qué señales no conviene ignorar y con qué frecuencia hay que revisarse, aunque todo parezca ir bien.
¿A partir de qué edad empieza a deteriorarse la visión de forma significativa y qué es lo primero que suele notar el paciente?
A partir de los 40 o 45 años, la mayoría de las personas empieza a notar cambios en la visión, aunque cada caso es diferente. Lo más habitual es que aparezcan dificultades para enfocar de cerca: leer el móvil, una etiqueta o un menú requiere alejar cada vez más el texto.
Ese suele ser el primer síntoma de la presbicia o “vista cansada”, un proceso natural asociado al envejecimiento del cristalino. Muchas personas también refieren que necesitan más luz para leer o que la visión tarda más en adaptarse cuando cambian de una distancia a otra.
¿Cuáles son los problemas visuales más frecuentes entre los 50 y los 60 años, y cuáles entre los 60 y los 70?
Entre los 50 y los 60 años, la presbicia es, con diferencia, el problema visual más frecuente. También es habitual que aparezca sequedad ocular, especialmente en personas que trabajan con pantallas o toman determinados medicamentos.
Entre los 60 y los 70 años empiezan a cobrar más importancia patologías relacionadas con el envejecimiento ocular, como las cataratas, la degeneración macular asociada a la edad (DMAE) o el glaucoma. Muchas de estas enfermedades pueden desarrollarse sin síntomas en fases iniciales, por lo que las revisiones periódicas son fundamentales.
¿Por qué la presbicia es tan habitual a partir de los 45-50 años y qué opciones hay hoy para tratarla?
La presbicia aparece porque el cristalino, la lente natural que tenemos dentro del ojo, va perdiendo elasticidad con los años. Esto dificulta enfocar objetos cercanos y explica por qué necesitamos alejar el móvil o el libro para ver con claridad.
Actualmente disponemos de varias opciones para corregirla. Las más sencillas son las gafas de lectura o progresivas. También existen lentes de contacto específicas y diferentes alternativas quirúrgicas. Hoy podemos ofrecer tratamientos muy personalizados, desde técnicas láser en determinados pacientes hasta el implante de lentes intraoculares que permiten reducir o incluso eliminar la dependencia de gafas en muchas actividades cotidianas.
¿Cuándo hay que empezar a vigilar la degeneración macular y qué señales de alerta no debería ignorar nadie?
La degeneración macular asociada a la edad suele aparecer a partir de los 55 años, aunque el riesgo aumenta con la edad y con antecedentes familiares.
Las señales de alarma más importantes son notar líneas rectas torcidas, dificultad para leer, pérdida de nitidez en la visión central o la aparición de una mancha en el centro del campo visual. Ante cualquiera de estos síntomas es importante acudir al oftalmólogo cuanto antes, porque un diagnóstico precoz puede ser determinante para preservar la visión.
¿Las cataratas son inevitables con la edad o hay factores que aceleran su aparición?
Las cataratas forman parte del proceso natural de envejecimiento y es muy frecuente que aparezcan con los años. Sin embargo, existen factores que pueden acelerar su desarrollo, como el tabaquismo, la diabetes, la exposición excesiva a la radiación ultravioleta, determinados tratamientos con corticoides o algunos traumatismos oculares.
La buena noticia es que la cirugía de cataratas es actualmente uno de los procedimientos más seguros y eficaces de la medicina, permitiendo recuperar calidad visual y mejorar notablemente la calidad de vida de los pacientes.
¿Con qué frecuencia debería revisarse la vista una persona de más de 50 años, aunque no note ningún problema?
Como norma general, recomendamos una revisión oftalmológica completa al año independientemente de la edad, incluso cuando no existen síntomas. A partir de los 50 son mucho más importantes esas revisiones.
Muchas enfermedades oculares, como el glaucoma o algunas formas iniciales de degeneración macular, pueden avanzar de forma silenciosa durante años. Las revisiones periódicas permiten detectar estos problemas de manera precoz y actuar antes de que produzcan una pérdida visual irreversible.
Hoy podemos ofrecer tratamientos muy personalizados, desde técnicas láser en determinados pacientes hasta el implante de lentes intraoculares que permiten reducir o incluso eliminar la dependencia de gafas en muchas actividades cotidianas.