‘Difama, que algo queda’ es un popularísimo refrán que siempre tuvo vigencia, pero hoy está a la orden del día. Efectivamente, siempre ha ocurrido que, cuando se suelta una mentira, habrá alguno que se la creerá. Con pocos que sean, ya se ha cubierto el objetivo. Ahora se difama mucho, puede que más que nunca, pero, sobre todo, se difama a gran velocidad y con un inmenso alcance. Eso significa que los que se tragan la trola -o los que se la quieren creer- seguirán siendo una minoría, pero esa minoría puede suponer miles, cientos de miles o millones de personas. Y eso ya tiene un gran peso en la opinión pública y en cualquier sociedad.
Por supuesto, esa novedad no se escapa a los emisores de mentiras profesionales. Y hay muchas personas, entidades y organizaciones muy interesadas en utilizar esta herramienta para confundir a la opinión pública, movidos por el beneficio que obtendrán de ello. Sea económico, político o de cualquier otra índole.
Naturalmente, en Soy50plus no nos posicionamos ni tomamos parte por ninguna corriente, ideología ni interés de ningún tipo. Simplemente, nos gusta que los debates sean sanos y constructivos. Y, para ello, lo principal es estar bien informado. A partir de ahí, cada uno puede opinar lo que quiera, con criterio y fundamento.
Por eso, con nuestra mejor intención, vamos a proponer una serie de consejos que nos pueden ayudar a detectar las mentiras, los bulos o las fake news (que todos son básicamente lo mismo. Y es mucho más fácil de lo que podría parecer. Basta con fijarse un poco. Aquí van:
- Busca la fuente. No te quedes en lo que se anuncia o afirma, mira quién lo dice y de dónde viene. Cualquier información seria debería referir la fuente. Si es un titular en internet, puede bastar con pinchar el enlace, y puede que dentro haya otro. Si vemos que en última instancia proviene de un medio de comunicación, una persona pública o una entidad acreditada, seguramente sea verdad. Si no te suena de nada, desconfía.
- Contrasta. Cualquiera puede soltar un dato a la ligera o darlo sesgado, lo que equivale a contar media verdad (que ya se sabe que es peor que la mentira). Procura, en lo posible, confirmarlo, ver de dónde viene (la fuente) o buscarlo en otro sitio.
- Imágenes que valen cero palabras. Las fotos también tienen fuente y fecha. Aunque parezcan mostrarnos algo muy evidente, pueden estar trucadas o no corresponderse con el hecho que se supone que reflejan. Por ejemplo, que nos vendan que es de ayer y tengan más de diez años…
- Pon en contexto. ¿Sabes quién fue Marshall McLuhan? Pues alguien que, entre otras cosas, dijo que ‘el medio es el mensaje’. En este caso, lo que se dice es quien lo dice. Hay determinados autores, perfectamente reconocibles, cuyos mensajes van a ir siempre en el mismo sentido, y eso, aunque podamos estar de acuerdo con ellos, hay que tenerlo siempre en cuenta.
- Duda de lo facilón. Las explicaciones simples de asuntos complejos siempre deberían generarnos desconfianza. Los atajos nunca son recomendables, y en este caso, con la excusa de ahorrarnos esfuerzos intelectuales, lo que generalmente pretenden es llevarnos por el camino que alguien pretende.
- Mejor de primera mano. En general, procura informarte tú, no que te informen. Alguien pudo leer algo, escuchar un discurso, encontrar un post o un vídeo en internet… Pero siempre será mejor que lo veas tú. Y juzga…
- Toma distancia. Por mucho que te gustaría que fuera cierto lo que alguien está contando, por favor, sigue los pasos anteriores. Y si no estás seguro de que sea cierto, no lo difundas.
Estos consejos podrían resumirse, ciertamente, en uno: hombre, que ya somos mayorcitos y no nos hemos caído de un guindo.
Y sí, hemos considerado que esta entrada debe ir en nuestra sección de Salud.
La mentira ya no tiene las patas tan cortas, pero, si nos fijamos bien, sigue siendo fácil cortárselas. Defenderse de ellas sólo requiere algo de atención, interés y criterio.