En tiempos de polarización, no es fácil acercarse a nuestra Guerra Civil sin caer en el sectarismo. Es tristemente sorprenderte pensar que, después de tanto tiempo, no hayan cerrado totalmente las heridas y exista una prevención ante cualquier propuesta.
Como siempre, la cultura puede tener un efecto sanador. Y este año se han publicado dos obras sobre la contienda que creo que apuntan más al camino de la crónica que al del ajuste de cuentas.
Aun así, una novela que para mí es de lo más interesante publicado en 2025 por un autor español, ha generado una diatriba en redes francamente estéril. Me refiero a La península de las casas vacías, de David Uclés. Me divierte contar que lo leí por recomendación directa de librero en La buena vida (Madrid), justo antes de Navidad, y lo devoré en apenas cuatro días. Me causaba cierto rechazo la referencia al realismo mágico (hay mucha impostura) y, sin embargo, inmediatamente me sentí atrapado por la mística de la narración, su imaginación desbordada y la capacidad para mirar a ambos lados con cierto nivel de difícil equidad.
La historia nace en una familia que se disuelve en la contienda, y habla de ellos y de aquellos que se cruzan en sus caminos. Está plagada de personajes de ambos bandos, de sucesos reales y conocidos y, por supuesto, de ficción. Y, sobre todo, está llena de buena literatura, configurando una obra extraordinaria.
A finales de 2025, se premió por parte del Ministerio de Cultura a Presentes, de Paco Cerdà. No es un Ministerio cuya actitud me guste, pero decido darle una oportunidad a su autor, de quien conozco alguna novela ilustrada y un guion. Y, como en el caso anterior, me encuentro con una obra mayúscula que, narrando la crónica del traslado del cadáver de José Antonio Primo de Rivera de Alicante a El Escorial, en fanática peregrinación, lo complementa con una colección de pequeñas estampas que van componiendo un rosario de oscuridad y dolor, algunas sobre personajes reales y otros anónimos, pero todos ellos, afectados por la hecatombe.
Son crónicas, son memoria y, nos cueste o no, son Historia. Y, una vez más, literatura. Démosle a la cultura la capacidad de sanar nuestras heridas.
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La cultura puede tener un efecto sanador. Y este año se han publicado dos obras sobre la Guerra Civil que creo que apuntan más al camino de la crónica que al del ajuste de cuentas.
