La historia del cine ya es larga, lo suficiente como para que aquellos que hemos pasado (y seguiremos pasando) mucho tiempo pegados a una pantalla, tengamos nuestra propia memoria sentimental asociada a diferentes películas. No puedo evitar ante una reposición o la aparición de una cinta antigua en TV, recordar en qué etapa de mi vida estaba cuando la vi por primera vez, quien era yo entonces, cuál creía que iba a ser mi futuro….
Por supuesto, hay algunas con más peso que otras, quizás no tanto por su valor intrínseco sino por el momento en que llegaron. Y algunos acontecimientos o aprendizajes tienen también un peso especial. En mi caso, uno de esos aprendizajes fueron los subtítulos, y tuvo mucho que ver la nueva ola francesa.
Para mí la Nouvelle Vague fue un descubrimiento tardío, cuando ya estaba superada. En provincias, durante los años setenta no era fácil acceder a salas de arte y ensayo, y al llegar con dieciocho años a Madrid, con ganas de devorar todo aquello de lo que había oído hablar sin poder disfrutarlo, me puse en modelo empacho.
Todavía estaban en activo cineastas como Chabrol, Godard, Resnais, Truffaut… Y recuerdo con mucho cariño las tardes intentando entender por qué aquellas películas, muchas de ellas en blanco y negro, habían sido tan importantes, al tiempo que hacía cola para no perderme sus últimas propuestas. Creo que fue ahí cuando descubrí también los subtítulos; descubrí tantas cosas que todo lo que ocurrió entonces está lleno de luz. Los ahora Cines Golem y entonces aún Alphaville, se convirtieron en lo más parecido a un templo.
Ahora, un cineasta tan versátil como Richard Linklater (capaz de esa magnífica barbaridad sobre el paso del tiempo llamada Boyhood y de la trilogía Antes de… suma del romanticismo más depurado), nos presenta Nouvelle Vague, una película que recorre el rodaje de Al final de la escapada, una de las obras fundacionales del movimiento. Aquellos que dirigían entonces son aquí protagonistas.
Y lo mejor que se puede decir de esta encantadora crónica llena de personajes conocidos, es que es capaz de mostrarnos la ingenuidad de aquellos que intentaban cambiar un arte, y que sin duda consiguieron sacudirlo.
Con el paso del tiempo, las revoluciones no cruentas pierden su trascendencia, pero no por ello debemos renunciar a su huella. Sin duda, la Nouvelle Vague ofreció otra forma de hacer cine, pero también de verlo: a mí, con subtítulos.
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Un cineasta tan versátil como Richard Linklater nos presenta Nouvelle Vague. Una crónica capaz de contarnos la ingenuidad de aquellos que intentaban cambiar un arte y ofrecieron una nueva forma de hacer cine, pero también de verlo: a mí, con subtítulos.
