Puede que ya te ha llegado el momento en el que empiezas a cambiar preguntas por respuestas.
Antes todo era “¿y si…?”, “¿por qué no?”, “vamos a ver qué pasa”. Y, sin darte cuenta, eso se va transformando en “ya lo sé”, “esto es así”, “no merece la pena”. No sucede de golpe. Es más bien un deslizamiento silencioso. Pero tiene trampa: ahí es donde empieza el verdadero envejecimiento.
No tiene nada que ver con las canas, ni con las arrugas, ni siquiera con el cansancio acumulado. Tiene que ver con la renuncia a sorprenderte. Con ese pequeño gesto interno de cerrar puertas antes de asomarte. Porque la curiosidad no es solo una actitud bonita; es una forma de estar en el mundo. Es lo que te mantiene en movimiento cuando todo alrededor invita a instalarse.
La curiosidad aparece en cosas pequeñas, casi ridículas a veces. En desviarte de tu camino habitual sin un motivo claro. En abrir un libro que jamás habrías elegido hace unos años. En hacer una pregunta más, justo cuando podrías haber dado la conversación por terminada. No cambia el mundo, pero te cambia a ti, que es bastante más importante.
También tiene su lado incómodo. A veces, la curiosidad te lleva a una app absurda, a una receta incomible o a una clase de yoga donde descubres, delante de desconocidos, músculos que preferían seguir en el anonimato. Pero ahí también está la gracia: ser curioso implica aceptar que no lo sabes todo, que quizá estabas equivocado, que existen versiones mejores —o al menos distintas— de lo que ya creías saber.
Lo curioso —nunca mejor dicho— es que no se trata de hacer grandes cosas. Nadie te pide reinventarte cada semana ni empezar de cero cada año. Basta con no dejar que la mirada se vuelva automática. Con seguir prestando atención. Con no dar por cerrado lo que aún puede abrirse un poco más.
No envejecemos por los años, sino por dejar de maravillarnos. Mantén la curiosidad viva y sigue siendo siempre joven.
Así que, este viernes, te propongo un reto sencillo: busca algo que no sepas, algo que te intrigue, y déjate llevar por la aventura de descubrirlo. Porque en la curiosidad está la chispa que enciende la vida, y en esa chispa, la eterna juventud.

Txema Arnedo
Co-fundador de soy50plus
Ingeniero Industrial, curioso, apasionado por la tecnología, cofundador de soy50plus. Nunca ha visto “Los lunes al sol”