Madrid y yo: ¿capital de Armenia…?

María Victoria de Rojas

29/10/2025

Madrid y yo

Lo confieso: estoy enamorada de Madrid, de mi Madrid, del mío, del que yo siento.

Me hubiera gustado poder presumir de ser gata, pero no puedo camuflar de ninguna manera mis orígenes, ya que soy fruto de la mezcla de una andaluza y un torrelodonense (que no torresano). De haber nacido en otra época del año, quizá mi padre hubiera sido madrileño, pero nació en pleno verano y mi abuela, sabia mujer, se había escapado a los pies de la sierra en busca de un aire algo más respirable.

Mis padres no pudieron convertirme en gata, pero intentaron revestirme con una pátina castiza, al menos en su faceta religiosa, por lo que me bautizaron en San Ginés, me presentaron a la Paloma y tomé mi primera comunión en Jesús de Medinaceli. También he ido en alguna ocasión a San Antonio cargada con mis alfileres para pedir novio al santo. Mis convicciones religiosas han cambiado mucho, pero hay tradiciones que merecen ser conservadas y recuerdos que no hay que menospreciar.

Decía Forrest Gump que la vida es como una caja de bombones, que nunca sabes qué es lo que te va a tocar. A Madrid le pasa lo mismo: se disfruta y se padece por igual. Un día puedes tocar el cielo disfrutando de un concierto al aire libre o descubriendo un rincón maravilloso escondido tras una puerta, y otro descender a los infiernos sumergido en un atasco provocado por unas obras, por el paso del “jerifalte” de turno camino de no se sabe dónde o por la manifestación espontánea de un grupo de personas cuyas reclamaciones no fueron atendidas en la institución de turno.

Me gusta pasear Madrid. Recorrerlo una y mil veces y mirarlo con los ojos de un niño o de un forastero, para poder volver a disfrutar de cada paso, como si nunca hubiera estado allí y convertir cada ocasión en la primera.

Con esta manía que tenemos de ponerle etiquetas a todo, más de una vez me ha tocado escuchar eso de “es que los de Madrid sois todos muy chulitos”. Chulitos no, chulapos. que es más, porque a mí se me ocurre que la palabra chulapo viene de la contracción de chulo y guapo, ¡ahí es nada!

Quizá sí, quizá seamos un poco chulos, pero es que tenemos razones para serlo. Es cierto que no tenemos mar y que nuestro río es poco más que un charco al que miramos con cariño, pero de todo lo demás nos sobra.

Podemos presumir de muchas cosas y, cuando nos echan en cara que nos creemos más por ser la capital del país, podemos ponernos gallitos y decir que en esto de ser capital empezamos el rodaje allá por el siglo XIV, que se dice pronto. Es cierto que nos duró poco y que fue un poco por carambola, pero sí, nos convertimos en la capital del reino de Armenia de Cilicia en el año 1383, cuando España no era ni tan siquiera un sueño.

Resulta que Juan I de Castilla, rey también de León, de Toledo, de Galicia, de Sevilla, de Córdoba, de Murcia, de Jaén, del Algarve y de Algeciras, señor de Lara, de Vizcaya y de Molina, se apiadó de la situación de León V, depuesto rey de Armenia, que pasaba sus días preso de los mamelucos recluido en una celda de El Cairo, se avino a pagar su rescate y se lo trajo a los madriles con la intención de que desde aquí se pusiera en marcha para conseguir recuperar su reino.

Pero, claro, después de su cautiverio, el amigo León llegó a la ciudad con una mano por delante y otra por detrás y el bueno de Juan decidió que, ya que se lo había traído, era de ley echarle una mano para que pudiera equilibrar sus finanzas. A tal efecto, tuvo a bien entregarle los Señoríos de Andújar, Ciudad Real y Madrid, ciudad esta última donde aposentó sus reales convirtiéndonos en la capital de su reino, aunque fuera en el exilio.

Si León simplemente hubiera querido permanecer aquí, es muy posible que los Señoríos le hubieran proporcionado lo suficiente para vivir con holgura, pero él necesitaba más, mucho más. Debía viajar a Oriente para recuperar sus territorios, así que no tardó mucho en marchar a otros lares en busca de nueva ayuda y mayor financiación porque la cosa, barata, barata, no iba a ser.

No le dio tiempo a cumplir su sueño. Tan solo diez años después de su llegada a Madrid, León V moría en París, adonde había llegado en busca de nuevos apoyos, y los Señoríos volvieron a su legítimo señor don Juan.

Parece ser que las pocas personas que a la llegada de León habitaban Madrid, al enterarse de la noticia de la cesión, se echaron a temblar pensado que aquel extranjero que se había convertido en su Señor les iba a provocar más de un dolor de cabeza y un roto a sus bolsillos. Se equivocaron. Poco fue el tiempo que León permaneció en la ciudad, pero, aun así, tuvo ocasión de hacer dos cosas: bajar los impuestos, contra todo pronóstico, y reparar el Alcázar, que necesitaba algo más que una mano de pintura para hacerlo habitable.

Nuestra capitalidad armenia es poco más que una anécdota, una década perdida en una larga historia, pero los madrileños, que seremos chulos, perdón, chulapos, pero también generosos, no olvidamos su paso por nuestra ciudad y que nos convirtiera en su capital, así que le rendimos un pequeño homenaje bautizando con su nombre una calle de nuestro querido barrio de Carabanchel.

Nuestra capitalidad armenia es poco más que una anécdota, una década perdida en una larga historia, pero los madrileños no olvidamos el paso de León V por nuestra ciudad y que nos convirtiera en su capital.

María Victoria de Rojas

María Victoria de Rojas

Asesora y Colaboradora en soy50plus

Es un lujo para soy50plus ver Madrid con los ojos, y la sonrisa, de  María Victoria, que ha sido directora de la revista Ejecutivos y actualmente “sigue alcanzando metas” , tal y como cuenta ella misma.  Como escritora, ya lleva 4 libros publicados y es coach, speaker y co-fundadora de iconic-level.com.