Fracaso (Los viernes a la sombra)

Txema Arnedo

22/05/2026

Fracaso ( Los viernes a la sombra)

Fracaso es, muy probablemente, la palabra que nos pasamos toda la vida intentando esquivar.

Cuando llega, la escondemos detrás de expresiones más elegantes. “No salió.” “No era el momento.” Que sí, muy bien todo eso. Pero, siendo sinceros, hay decisiones que salieron rematadamente mal. Relaciones que eran un error con piernas. Trabajos que te apagaban poco a poco. Negocios que parecían brillantes en una servilleta y acabaron siendo un incendio administrativo o un desastre económico.

Aunque, y tengo razones vitales para afirmarlo, probablemente son esas cosas las que más te han moldeado. No los éxitos. Los fracasos.

Porque los éxitos tienen muy mala costumbre: te vuelven bastante insoportable durante unas semanas y luego apenas enseñan nada. Todo sale bien, todo encaja, todo el mundo te felicita… y tú sigues adelante convencido de que eres una mezcla entre estratega brillante y visionario en ciernes.

Hasta que llega el fracaso y te pone en tu sitio con una eficacia casi artesanal.

El fracaso te obliga a mirar cosas que preferirías evitar. Tu ego. Tus prisas. Tus autoengaños favoritos. Esa maravillosa capacidad que tenemos para ignorar señales gigantescas solo porque no encajan con el plan.

Y, aunque fastidia admitirlo, suele ser bastante útil.

Además, el fracaso tiene un efecto secundario bastante útil: relativiza.

Después de unos cuantos desastres, sobrevives a casi todo con más calma. Ese correo incómodo ya no parece el fin del mundo. Esa reunión tensa no merece una úlcera. Ese plan que salió regular… bueno, tampoco es para escribir una tragedia griega.

Porque ya sabes algo que antes no sabías: uno puede equivocarse muchísimo… y aun así seguir adelante. Incluso reírse un poco.

Y no, esto no va de romantizar el desastre. Hay fracasos que duelen de verdad. Algunos dejan cicatriz.

Otros te desmontan durante una temporada bastante larga. Pero incluso ahí, con el tiempo, aparece algo inesperado: perspectiva.

Miras atrás y entiendes que aquella decisión horrible te sacó de un sitio donde ya no debías estar. Que aquella pérdida te obligó a reinventarte. Que aquel “esto ha salido fatal” terminó convirtiéndose en el principio de otra cosa que ni siquiera habías imaginado.

Casi nunca ocurre como querías. Pero muchas veces ocurre como necesitabas.

Así que este viernes quizá toca reconciliarse un poco con tus fracasos. No para convertirlos en medallas motivacionales de LinkedIn —por favor, tampoco hace falta tanto— sino para reconocer que muchas de las mejores versiones de ti nacieron exactamente ahí donde pensabas que todo había salido mal.

Txema Arnedo

Txema Arnedo

Co-fundador de soy50plus

Ingeniero Industrial, curioso, apasionado por la tecnología, cofundador de soy50plus. Nunca ha visto “Los lunes al sol”