
El Foro Económico Mundial es una entidad de referencia a la hora de observar y analizar las claves el mundo actual, desde el devenir económico hasta la preservación del planeta, pasando por el impacto de las tecnologías o los movimientos sociales.
Y no podía quedarse ajeno a la cuestión demográfica y, en concreto, a lo que llama la Economía de la Longevidad. Recientemente ha publicado un informe –white paper, para los familiarizados con este término- en el que analiza las tendencias globales, estudia casos de éxito y formula propuestas de acción.
Building on the Longevity Economy Principles se hace llamar el informe, que parte de un dato concluyente: en 2080, habrá en el mundo más personas mayores de 65 años que menores de 18. Y dado que más de uno de cada cuatro vivimos en países en el que el crecimiento de la población ha alcanzado su pico y la expectativa de vida es mayor, afrontamos tanto desafíos como oportunidades sin precedentes.
La publicación empieza sintetizando cinco tendencias clave que están dando forma a la resiliencia financiera y subraya una serie de innovaciones que pueden ser adaptadas a los diferentes contextos nacionales y sectoriales. A saber:
- Construir sistemas públicos de jubilación resilientes. A medida que las poblaciones envejecen, los sistemas públicos de pensiones afrontan desafíos crecientes en relación con su sostenibilidad financiera.
- De acumulación a desacumulación. La transición global de planes de pensiones a planes contributivos viene a depositar mayor responsabilidad en las personas a la hora de gestionar su seguridad financiera.
- El papel de los empleadores en el bienestar financiero. Soportar ese bienestar no es exactamente invertir en los empleados, sino una inversión en resiliencia y éxito organizacional.
- Economía de los cuidados y atención a largo plazo. La creciente demanda de servicios de cuidados requiere urgentes políticas y soluciones para soportar tanto a los cuidadores como a los que reciben atención.
- Caminos para el crecimiento económico. Sistemas sociales flexibles son esenciales para permitir a las personas navegar por sus transiciones económicas, lo que a su vez les permita seguir contribuyendo significativamente al crecimiento económico a largo plazo.
Estas cinco tendencias son desarrolladas en cada uno de los capítulos del informe, planteando la situación, identificando los desafíos, mostrando casos de buenas prácticas llevadas a cabo en diferentes países y empresas -por cierto, no aparece ninguna de España- y marcando los pasos a seguir.
Finalmente, se proponen 10 acciones de impacto para hacer frente a las implicaciones económicas y sociales de la transición demográfica:
- Mejorar las soluciones de retribución de la jubilación para asegurar la seguridad financiera en los años venideros.
- Modernizar los sistemas de jubilación y seguridad social para soportar vidas más largas y carreras profesionales evolutivas.
- Estimular planes contributivos de empleo para incrementar la participación de los ahorros en la jubilación.
- Expandir el acceso a productos financieros y protecciones para trabajadores autónomos o temporales.
- Promover el uso de tecnología en servicios financieros para mejorar el acceso y la personalización.
- Fortalecer la provisión de cuidados y los sistemas de atención a largo plazo para soportar a todos los cuidadores, tanto empleados como por su cuenta.
- Desarrollar amplios programas de beneficios para empleados que integren ahorros para la jubilación, reskilling, cuidados y atención sanitaria.
- Expandir el aprendizaje durante toda la vida y la educación financiera para facilitar la adaptabilidad profesional y el bienestar financiero.
- Soportar estructuras de trabajo flexibles y transiciones en la carrera profesional a través de políticas e incentivos de las empresas.
- Potenciar la colaboración a través de distintos sectores para producir un cambio sistémico en la economía de la longevidad.
Puedes ver el informe completo (en inglés) AQUÍ
Al final, los principios aspiracionales de esta Economía de la Longevidad se resumen en construir un futuro para todas las generaciones.
Una verdadera economía de la longevidad significa que la gente viva más tiempo, más sana y más segura financieramente. Pero para conseguirlo, se necesitan sistemas financieros resilientes y políticas sostenibles que redefinan la participación económica de las generaciones mayores (Foro Económico Mundial).