Danzad, danzad, malditos (II)

María Victoria de Rojas

02/01/2026

Danzad Danzad Mailditos parte 2

Recuperando lo que estaba contando de bailes y bodas, jajaja….

Por un lado, por aquello de quedar bien con el jefe y, por otro, por tener la oportunidad de presumir ante la familia y vecinos de trato cercano que mantenía con él, mis padres fueron invitados a una boda en un pueblecito de La Mancha al que, sin que existiera la más mínima oportunidad de rebelarme, que entonces las órdenes de un padre iban a misa, fui arrastrada.

Cuando los últimos platos del postre fueron retirados, los jóvenes del lugar fueron amontonando en un rincón del salón las mesas para dejar espacio suficiente y dar paso al baile. No había orquesta sino tocadiscos (¡qué lindo suena esto del tocadiscos!), seguramente porque el presupuesto no dio para más, porque lo que sí recuerdo es que tanto la comida como la bebida fueron abundantes y de muy buena calidad.

Bailaron los novios, entraron los padrinos, después los cónyuges de los padrinos y al terminar el vals -entonces era lo que se estilaba- quedó inaugurado el baile.

Mi padre, al que nunca le gustó bailar, se había retirado a un rincón para jugar una partida con otros detractores del baile. Mi madre decía que era mejor así. Mi padre fue siempre negado en estas lides y decía mi madre que lo que hacía con ella, más que bailar, era una mudanza por el brío con el que la llevaba de un lado al otro.

Así que, con mi padre desaparecido, mi madre y yo quedamos situadas en ese círculo fatídico en el que las mujeres esperaban a que un hombre las sacara a bailar. Mi mente calenturienta ya había ideado un par de salidas airosas para el caso de que algún mozo del pueblo, fuera bien o mal “plantao” como se decía por allí, viniera a sacarme a la improvisada pista, cuando del corrillo de la familia de la novia surgió uno de sus hermanos que llevaba escrito en la cara sus aviesas intenciones y que venía directo hacia nosotras.

Mi madre empezó a sonreír. Se iba a deshacer de mí al menos por un ratito y, quién sabía, lo mismo para el resto de la velada.

El muchacho llegó hasta nosotras, se paró y pronunció un claro:

—Señora, ¿da usted su permiso?

Mi madre, a la que la sonrisa ya no le cabía en la cara, contestó:

—¡Por supuesto!

Y entonces, el muchacho le tomó la mano derecha, la agarró bien fuerte por la cintura ¡y se la llevó! ¡a ella!

Y es que en eso no hemos cambiado nada: en los bailes de las bodas puede pasar cualquier cosa.

Y entonces el muchacho le tomó la mano derecha, la agarró bien fuerte por la cintura ¡y se la llevó! ¡a ella!

María Victoria de Rojas

María Victoria de Rojas

Asesora y Colaboradora en soy50plus

Ha sido directora de la revista Ejecutivos y actualmente “sigue alcanzando metas” , tal y como cuenta ella misma.  Como escritora, ya lleva 4 libros publicados y es coach, speaker y co-fundadora de iconic-level.com. Es un honor para soy50plus contar con las colaboraciones de María Victoria dentro de CALMA.