De qué presumes… y cómo te autoengañas

Mari Carmen Camacho Gil

05/04/2021

VACUNA

Sé que me voy a morir, pero vivo como si el tiempo no fuera limitado; por eso a veces pierdo mi tiempo en cosas que no me aportan ganancias.

Sé que la vida es un misterio, pero vivo como si ya supiera todo lo que da de sí estar vivo; por eso a veces me aburro, pierdo el interés o la esperanza.

Sé que las personas no son de mi propiedad, pero te exijo como si fueras un bien propio que tuviera que conservar; por eso a veces me siento culpable por lo que no es mi responsabilidad o me enfado.

Sé que necesitamos a los demás para sobrevivir, pero no les tratamos con el suficiente agradecimiento; por eso a veces me instalo en el abuso, en la insatisfacción permanente, en el juicio y en la crítica no constructiva.

Sé que los seres humanos no somos perfectos y cometemos errores, pero (me o te) demonizo si algo no sale como espero; por eso a veces me frustro, me decepcionas o te la tengo jurada.

Sé que todo lo que se practica se mejora, pero me digo que no valgo o que me es imposible hacer bien ciertas cosas; por eso me acomplejo, me escaqueo o me paralizo.

Y podríamos seguir con ejemplos de nuestras  incoherencias entre saber, hacer y sentir. ¿Cómo podemos soportarlas? Pues a veces no las soportamos, y por eso nos autoengañamos de forma más o menos consciente.

Los autoengaños se activan para justificar nuestro comportamiento a base de distorsionar la realidad para que nuestras necesidades y motivaciones se satisfagan aun a costa de nosotros mismos o de otras personas.

De este modo: proyectamos los propios pensamientos y sentimientos en los demás, como si fueran suyos y no nuestros; borramos de la memoria recuerdos no gratos; negamos aspectos evidentes de la realidad como si no existieran; disociamos el pensamiento de la emoción y no reconocemos aquello que nos perturba; exageramos el comportamiento opuesto al que desearíamos experimentar, etc.

Si bien el autoengaño es un mecanismo de defensa que nos permite transitar por una situación difícil para nosotros, no nos permite resolver las causas que los originan. La cobardía y los problemas de autoestima suelen estar presentes en las personas que más se autoengañan.

Por eso, en algún momento tocamos fondo y tenemos que plantar cara a aquello que no queremos reconocer.

Escucha sin defenderte, observa cómo responde tu cuerpo a los comentarios y acciones de los demás, desarrolla nuevas habilidades que te hagan ganar autoconfianza y repara el daño ocasionado por tu “ceguera mental” e irás desprendiéndote de la necesidad de protegerte por no ser 100% perfecto. Las personas que tú más quieres tampoco lo son y no te importa, aprende a mirarte con la misma indulgencia y entonces podrás ser tú mismo.

Vivir en la incoherencia nos produce estrés, problemas de salud mental y física, conflictos en las relaciones y problemas de rendimiento.