Opiniones (los viernes a la sombra)

Txema Arnedo

09/10/2026

Opiniones (los viernes a la sombra)

Todo el mundo tiene una opinión sobre ti.

Sobre tu trabajo. Sobre tu pareja. Sobre cómo educas a tus hijos. Sobre dónde vives, lo que comes, cuánto bebes, cuánto trabajas, cómo te vistes y, si les das cinco minutos más, probablemente también sobre tu postura correcta para dormir.

Lo verdaderamente extraordinario es que durante muchos años nos importan muchísimo.

De joven quieres caer bien. Después quieres que te respeten. Más tarde quieres que entiendan tus decisiones. Y así puedes pasarte media vida explicando cosas que, en realidad, no necesitaban explicación.

—¿Y por qué has dejado ese trabajo?

—¿No crees que eres un poco mayor para hacer eso?

—Yo, en tu lugar…

Esta última es maravillosa. Porque casi siempre la pronuncia alguien que jamás ha estado en tu lugar.

Durante años escuchas esas opiniones con una seriedad admirable. Las analizas. Las discutes. Las rebates. Incluso llegas a modificar decisiones para evitar esa sensación tan incómoda de que alguien pueda pensar que estás equivocado.

Hasta que un día ocurre algo y, lo siento, pero no sé exactamente cuándo.

Quizá después de los cincuenta. Quizá antes. Quizá después de haber cometido suficientes errores propios como para comprender que no necesitas incorporar también los errores de los demás.

Pero empiezas a desarrollar una habilidad clave de supervivencia mental: escuchar una opinión sin sentir la obligación de hacer absolutamente nada con ella.

Te dicen:

—Yo creo que deberías…

Y tú contestas:

—Puede ser…

Y sigues tranquilamente con tu vida. Porque, finalmente, te das cuenta de que una opinión no es una orden. Ni siquiera es necesariamente un consejo. Muchas veces es simplemente alguien contándote cómo viviría tu vida si, por una extraña casualidad, fuese la suya.

Y tampoco hay que ponerse estupendos.

Algunas opiniones merecen ser escuchadas. Sobre todo, las de las personas que te conocen, que te quieren y que tienen la valentía de decirte algo que quizá no quieres oír.

Esas conviene guardarlas cerca.

Pero luego está todo lo demás. El comentario casual. El experto espontáneo. El cuñado vocacional. El desconocido de internet que, después de leer tres líneas, conoce perfectamente tu personalidad, tus errores y probablemente el origen de todos tus problemas.

Ruido.

Y con los años, empiezas a distinguir bastante bien una cosa de la otra.

Aunque hay otra parte menos cómoda de todo esto.

También descubres la cantidad de opiniones perfectamente prescindibles que tú has regalado durante años.

Porque todos hemos pronunciado alguna vez ese temible:

—Yo, en tu lugar…

Y, seguramente, tampoco teníamos ni idea.

Quizá madurar consista también en eso. En opinar un poco menos sobre la vida de los demás y preocuparte un poco menos por lo que los demás opinan de la tuya.

Escuchar cuando merece la pena… Sonreír cuando no… Y seguir adelante.

Porque todo el mundo tiene derecho a tener una opinión.

Y tú tienes exactamente el mismo derecho a que te importe un pimiento.

Txema Arnedo

Txema Arnedo

Co-fundador de soy50plus

Ingeniero Industrial, curioso, apasionado por la tecnología, cofundador de soy50plus. Nunca ha visto “Los lunes al sol”