El pasado primero de octubre me llegó por fin el ansiado momento: me jubilé.
A partir de ahora, ya podré dedicarme en cuerpo y alma a mi pasión por la escritura.
Llevo algo más de dos años escribiendo, aunque hasta ahora lo había hecho de forma, digamos, «no profesional». Nuestra generación tuvo la suerte de que la inmensa mayoría de nosotros aprendió a escribir desde muy pequeña, aunque, con los años, unos hemos necesitado hacerlo más que otros.
En mi caso, que me ha tocado escribir mucho en mi vida profesional, pensaba que esa experiencia me facilitaría el camino. Pronto descubrí cuánto me quedaba por aprender.
Hoy resulta relativamente sencillo maquetar un libro y publicarlo en plataformas como Amazon KDP. Pero escribir una novela que atrape al lector es otra cuestión.
Al hablar con profesionales y empezar a formarme, fui entendiendo que escribir ficción me exigía algo distinto a lo que había hecho hasta ahora, redactando informes de consultoría o propuestas técnicas y económicas. Ya no bastaba con trasmitir las ideas con claridad: también tenía que despertar la curiosidad del lector, emocionarlo y conseguir que quisiera seguir leyendo.
Empecé a familiarizarme con el conflicto, los protagonistas, antagonistas, el detonante, la trama y el ritmo de las escenas. Son aspectos de la escritura que se pueden aprender, aunque dominarlos requieren práctica. Pero uno de los consejos que más me hizo pensar fue: «Tienes que escribir con los cinco sentidos».
Desde pequeño, cuando escuchaba esa expresión, entendía que debía poner toda mi atención. Aquí descubrí que tenía otro significado. Al escribir, solemos apoyarnos en lo que vemos y escuchamos, y dejamos en segundo plano los olores, los sabores y el tacto. Cada sentido es una oportunidad de hacer sentir al lector que es parte de la escena. No se trata de incluir los cinco en cada una, sino de ver cuál puede aportar más en cada momento.
Puedes escribir que alguien vuelve a casa con una bolsa de churros recién hechos. Pero también puedes contar cómo se la cambia de mano por el calor que atraviesa el papel, el olor embriagador que percibe al abrirla o cómo se le quedan los dedos pringados de azúcar al coger un churro. La acción es similar, pero quizá al lector ya le apetezca uno.
Cuando escribes una historia de ficción es importante que la acción fluya para que el lector necesite leer más. Pero es igualmente importante comprender que, además de contar lo que sucede, hay que detenerse para que el lector pueda sentirlo.
Aunque cueste creerlo, una simple bolsa de churros es capaz de despertar los cinco sentidos.
A partir de ahora, ya podré dedicarme en cuerpo y alma a mi pasión por la escritura.

Javier Bardón
Técnólogo, Escritor y Colaborador en soy50plus
Tras una carrera destacada en el dinámico mundo de la tecnología, formando parte de gigantes como DEC, Intel y Microsoft, así como llevar a cabo varios emprendimientos empresariales por cuenta propia, irrumpe recientemente con su primera novela, LAS TRES REVELACIONES, en el panorama literario, decidido a dejar una huella perdurable. Es un honor para soy50plus contar con las colaboraciones de Javier.